lunes, 17 de junio de 2013

5x10 OSIRIS

Priviuslí, en El mundo al revés: el grupo de amigos se refugia en las instalaciones de los Seguidores de Suty mientras trazan un plan para derrocar a los Discípulos de Asir..




Ulises había salido a la puerta del complejo para despedirse de su amiga Is. Set lo seguía de cerca, pero Ulises lo evitaba a toda costa. Is lo vio y cogió de la mano a su amigo para hablar con él a solas, aunque Osi estaba a su lado y lo oyó todo.

IS: Basta ya de no quererte a ti mismo y de no pensar que te mereces la felicidad.

ULISES: ¿De qué estás hablando? —Is dirigió la mirada hacia Set sin que él los viera y Ulises sabía de lo que hablaba—. No lo pienso.

IS: No te das cuenta ni de que piensas eso. Y no sé por qué lo haces, la verdad. No es la primera vez que huyes del amor —Uli intentaba interrumpirla, pero ella seguía hablando—. Basta ya de excusas. La atracción está ahí. Llevo meses viéndola. Él se preocupa por ti. Déjale entrar.

Ulises torció el morro y le dio un abrazo para hacerla callar. Sin duda su hermana siempre dando en el clavo a la hora de dar consejos. Otro asunto era si Ulises lo seguiría o no. Y era ahora cuando le tocaba a él tratar de aconsejarle a Is que no fuese con ellos. Aunque sabía que poco efecto conseguiría.

OSI: Lo mismo que le dije a Ada cuando se empeñó en venir a por la tarjeta. No deberías de venir. No tienes manera de protegerte —Benjamín se apartó un poco manteniéndose al margen de la discusión familiar.

IS: Puedo intentar sanar si os pasa algo.

OSI: Eso no ha pasado ni siquiera una vez desde que empezaras a entrenar con Set.

IS: Eso es porque solo empezamos cuando tú te fuiste a casa de Noé. Ha estado todo este tiempo contigo, ¿esperas que me enseñe en un par de días? —no le dio la opción de contestar—. Además, no me pienso separar de Benjamín ahora que lo he conocido —lo abrazó y juntaron sus frentes cariñosamente.

Osi se alegraba inmensamente de que su hermana por fin hubiese encontrado el amor ideal, según sus propias palabras. Nunca antes se había sentido así ni él la recordaba tan feliz en los tres años que la conocía. Y Benjamín... Parecía mentira verlo con una mujer y que de verdad le gustase. Siempre que le habían hablado de él imaginaba que era homosexual, ya que él no tuvo la oportunidad de conocerlo aquella noche de su rapto en el pub Inframundo. Pero desde que su relación empezó al poco de llegar a la guarida de los SS, estaban de un empalagoso inaguantable. Al contrario que Ulises y Set. Desde que se conocieron la fricción entre ellos era palpable. Aparentemente una tensión sexual, pero Uli se empeñaba en negarlo. Set siempre le soltaba alguna que otra indirecta, pero Ulises apagaba el fuego por lo sano antes de que pudiese avivarse. No sabía si era porque aún le culpaba de haberlo separado de su madre Julia de pequeño o de haberla reclutado y que por lo tanto acabara muerta a manos de los DA aquel día que fue a dar comida a los fugitivos del Politécnico.

BENJAMÍN: ¡Venga, Osi! Ponte las gafas y la gorra y vámonos.

IS: Espera un momento —se acercó ella a maquillarle el lunar de la nariz, irreconocible con una peluca rubia y corta. Cuando los declararon fugitivos se hizo un par de trenzas como parte del disfraz de Caperucita, pero desde que se cortó el pelo siempre lo llevaba suelto. Su melena castaña ondulada le llegaba a la altura de los hombros. E incluso a veces se lo planchaba solo por cambiar. Pero la peluca rubio cenizo trataba de darle un aspecto totalmente diferente, con un corte más bien de señora de pueblo que va al templo todos los domingos. Unas gafas de sol, que ahora no llevaba puestas, completaban su camuflaje. Benjamín no necesitaba disfraz, ya que para empezar lo creían muerto, y además, no tenía a nadie que lo pudiera reconocer. Aún así, su aspecto corriente y moliente no llamaba la atención. Con su peinado en seco, su estatura corriente, aunque más bajo que él, y su más bien delgadez. Aunque según había visto un par de veces, lo que escondía debajo de la camiseta era fibra pura. No le extrañaba, con el entrenamiento tan duro que llevaba.

Sin discutir más, los tres cogieron otro de los coches de la flota de los Seguidores y se pusieron camino a Madrid. Necesitaban la tarjeta de Epifanía para entrar en las instalaciones de los Discípulos de Asir y tanto él como sus amigos creían firmemente en la causa de los SS. Lo suyo le había costado asimilarlo, pero Set tenía razón. Vivían en un mundo injustamente manipulado, donde la gente no tenía la verdadera opción de elegir con quién tiene una relación.

ADA: Ten mucho cuidado —salió a la verja del complejo para despedirlo.

OSI: No deberías de haber salido de la cama —la abrazó—. Estás malita.

Ada no se había encontrado muy bien desde que volvieron de casa de Noé. Se levantaba indispuesta por las mañanas, aunque luego comía como una lima el resto del día.

ADA: Sobreviviré —le dio un tierno beso en los labios. Siempre haciéndose la dura.

Era mejor que se quedase allí con Set, David, Helios y Ulises. Sobre todo este último. Habían pasado meses desde que llegaron a ca Set, pero después de volver a su medicación necesitaba rutina y nada de estrés para no empeorar su trastorno bipolar.

IS: Osi —le sorprendió por detrás—. ¿Puedo hablar un momento contigo a solas?

OSI: Sí, claro —se alejaron un poco de Benjamín, que ya estaba en el asiento trasero.

IS: Solo quería decirte que... Que me alegro mucho de haberte encontrado. Desde que murió mi madre adoptiva no me había sentido tan cómoda con alguien. Eres... mi familia —se empezó a emocionar.

Osi le acarició el pelo y la abrazó.

OSI: No quiero que hables así. Esto no es una despedida ni hoy va a pasar nada. Benja y yo te protegeremos.

IS: Nunca te lo había dicho, pero te quiero, Osi.

OSI: Yo también te quiero, Is —la abrazó fuerte.

El camino se hizo largo y lleno de carantoñas entre los enamorados.

IS: Completas tanto mi vida, Benja.

BENJAMÍN: Y tú la mía, Isis —el sonido de los besos era repugnante ahora que no tenía a su novia cerca para hacer lo mismo.

Sabían que tenían que dejar el coche a las afueras y coger el metro. Era menos arriesgado si cogían un tren con poca gente que correr el riesgo de que la policía les parase conduciendo. Los disfraces serían suficiente. Y ahora solo iban tres. No era como cuando huían los seis. El problema sería encontrar la tarjeta en casa de sus madres. Por lo menos conservaba la llave para entrar. Aunque la relación con sus madres se hubiera enfriado en los últimos años, nunca había caído en devolvérsela.

Is parecía nerviosa. Detrás de los cristales opacos de sus gafas se apreciaba en su cara la intranquilidad. Osi le dio un apretón en la mano que la hizo sentir más segura. A su otro lado estaba Benjamín, cogiéndola de la mano también. Por suerte y como habían planeado, aquella línea de metro era de las menos transitadas. Más peligroso podría ser cuando hicieran transbordo a la línea que pasaba por el centro.

BENJAMÍN: Tus madres tenían que vivir en plena Gran Vía.

IS: Qué esperabas, son unas señoronas —sonaba todavía resentida con su madre Soledad, con la que no hablaba desde que la confrontó intentando sonsacarle respuestas sobre su hermano Osi y su misteriosa separación cuando eran pequeños.

OSI: Sí, les pega mucho —sonrió. Un comentario así le hubiera sentado mal hace años, pero había aprendido a reírse con ellos. Son sus madres, pero su hermana y novia tenían razón en ese tipo de apuntes. No le aportaba nada sentirse ofendido.

La estación donde tenían que cambiar de tren estaba abarrotada y hasta con presencia policial.

BENJAMÍN: No los miréis ni pongáis cara de estreñidos —los tenía calados.

Ellos solo miraban al suelo y seguían avanzando. Osi echaba una ojeada curiosa alrededor de vez en cuando, pero prefería no hacerlo. Siempre le parecía ver a alguien mirándolos sospechosamente.

OSI: Ese señor con su marido nos están mirando raro. Y mira, van hacia la policía —su tono delataba el pánico.

Benjamín los cogió a ambos de las manos como a niños pequeños para retenerlos.

BENJAMÍN: No corráis. No os delatéis —decía en voz baja.

Osi miró al señor, y aunque le dio pena, un pequeño movimiento de ojos lo hizo tropezar y caer al suelo antes de que alcanzara al agente. Su marido lo ayudaba a levantarse mientras ellos se apresuraban hacia los túneles que comunicaban las líneas de metro. La sangre bombeaba tan fuerte por sus venas que notaba el flujo hasta en las sienes.

IS: ¿Por qué has hecho eso?

OSI: No quería correr el riesgo, ¿vale?

Aquel pasillo parecía interminable. Caminaban y caminaban y solo desembocaban en otras escaleras mecánicas. Unas subían y otras bajaban.

IS: Esto parece el viaje al fondo de la Tierra. ¿Seguro que es por aquí para hacer el transbordo?

Unos pasos apresurados se oían detrás suya. Se miraron entre ellos y aceleraron la marcha. Is se ajustaba su peluca. No se la había puesto demasiado bien.

BENJAMÍN: A lo mejor es solo gente que tiene prisa por coger el metro —susurraba para calmarlos—. No os pongáis a correr por nada del mundo o levantaremos sospechas.

Osi había empezado a sudar y las gafas de pasta se le resbalaban por la nariz. No paraba de subírselas con el dedo índice.

IS: Tres minutos para que pase el metro y el andén abarrotado —dijo con la boca entrecerrada cuando por fin llegaron al andén.

OSI: No te quejes, que en Valencia a veces pasan cada quince minutos.

BENJAMÍN: Haced el favor de tranquilizaos —ahora parecía él el que se estaba alterando—. Osi tiene sus propias defensas y yo tengo un arma.

IS: Te la he notado antes —dijo con una sonrisilla.

Osi los miraba incrédulo y queriendo pensar que estaban hablando realmente de una pistola.

La espera se hizo eterna. La abundante pero silenciosa multitud estaba cada uno a lo suyo. Personas, muchas, pero solas en su camino al trabajo. Unos leyendo un libro, otros con sus auriculares, otros comprobando el trayecto a seguir en el mapa del metro. La impersonalidad de la gran ciudad se respiraba en el mutismo de la estación. Ellos solo miraban al suelo para no ser reconocidos y preferían no entablar conversación. Ningún policía había aparecido, así que los pasos que oyeron serían de pasajeros apresurados.

El tren llegó y aún en el último vagón, menos agolpado de gente, notaban algunas miradas curiosas de los solitarios ciudadanos. Osi bajaba todavía más la cabeza, pero las gafas se le caían más. Benja le cogía la mano a Is, que no paraba de tocarse la peluca.

BENJAMÍN: Quietos, coño —dijo entre dientes y sonriendo a la vez. Lo estaban poniendo nervioso, se lo notaba.

Cuando al fin llegaron a la parada se esperaron los últimos a que pasaran todos los que llevaban prisa. Pero una mujer se quedó detrás suya. Iba leyendo un periódico, pero los miraba de reojo. Salieron del vagón con la mujer siguiéndoles y cuando esta se cruzó con los de seguridad en la puerta,  se quedó hablando con ellos. Fue cuando vieron que el periódico se le caía al suelo y en esa misma página estaban sus fotos como los fugitivos. Is y Osi empezaron a correr en un parpadear de ojos. Benjamín trató de cogerlos de la mano, pero no le dio tiempo.

BENJAMÍN: Separaos. Nos vemos allí —dijo en voz baja antes de que estuvieran demasiado lejos.

Cada uno se desvió por una salida a la calle diferente y Osi deceleró un poco para no llamar la atención. Tenía que mirar hacia atrás para ver si lo estaban siguiendo, pero no lo hacían. ¿Y si habían seguido a Is o a Benja? Ellos no podían mover cosas con la mente para protegerse.

Al subir las escaleras y salir a la calle, el bochorno urbano del tráfico junto al efecto isla de la ciudad le dio un bofetón. Con lo bien que se estaba con el aire acondicionado del metro. Vio al otro lado de la carretera el acceso por donde salió Is. Nadie la seguía, de momento, lo cual lo tranquilizó. Asintió al ver que lo miraba y ella asintió también. Los tres conocían la dirección. Sería mejor si fuesen por separado. Además, estaba cerca de allí.

Set tenía contactos en toda partes. Así como tenían una lista detallada de los movimientos de Noé cuando fueron a su casa, también les había proporcionado datos de cuándo podrían entra en la casa de sus madres y que ellas probablemente no estuvieran. Cerca de la dirección se encontró a Benja sentado en un banco. Con esa ropa tan adolescente le había parecido un niño. Su corazón palpitó al no ver a Is. Pero la puerta del portal se abrió y ella asomó la cabeza.

IS: Pasad. Una señora con su abrigo de pieles ha entrado antes y yo he cogido la puerta. Llevaba tanta laca que pensaba que me iba a asfixiar cuando ha pasado.

OSI: Is, tengo las llaves —las zarandeó en su cara y ella se avergonzó.

IS: Es igual, vamos —lo agarró de la camiseta y Benjamín pasó detrás.

La puerta de la casa tenía tres cerraduras, como las casas antiguas, y Osi abrió cada una de ellas con cuidado, intentando no hacer ruido.

IS: Osi, si una de tus madres está dentro te van a oír igual.

Osi le respondió sacándole la lengua, lo cual rompió un poco la tensión del momento.

OSI: No tiene por qué haber nadie —la puerta se abrió para dar paso a un lujoso recibidor de altos techos.

IS: Ahora entiendo por qué los nombres egipcios que tenemos —miró fascinada la decoración de la cultura del Nilo.

OSI: A Ada y a mí nos gusta más la griega.

BENJAMÍN: Ssssh, me ha parecido oír algo. —le tapó la boca y se quedaron quietos.

Inmóviles y mudos, al no escuchar nada empezaron a inspeccionar la casa.

BENJAMÍN: Osi, tú conoces la casa. Seguro que sabes algún sitio donde Epifanía pueda esconder la tarjeta. Sin ella no podremos destruir las antenas para acabar con las renovaciones. Is y yo vigilaremos que no venga nadie. Is, tú quédate en la puerta. Yo bajaré al portal, y si veo que alguna de tus madres llega tocaré el timbre. Ellas no saben quién soy y por lo tanto no me pueden reconocer.

Benja cerró la puerta e Is se quedó mirando por la mirilla.

Osi sabía que sus madres tenían una caja fuerte en su cuarto, pero de esta no sabían la combinación. Su sorpresa fue llegar y encontrársela abierta. Lo cual le hizo sospechar también. Rebuscando entre los papeles no le fue difícil encontrar la tarjeta, y más habiendo visto antes la misma que tenía Noé. ¿Por qué todo tan sencillo?

Piiiiiii.

El ruido del timbre le dio un vuelco al corazón. ¿Sería un aviso de Benja de que sus madres habían llegado o sería solo propaganda? Muchas veces era el cartero también. Is vino corriendo en su busca con unos ojos tan abiertos que podían alumbrar una cueva.

IS: ¡Salgamos de aquí!

OSI: Un momento —empezó a ordenar torpemente todo lo que había sacado de la caja fuerte—. No puedo dejar esto así o sabrán que hemos estado.

IS: ¡Eso da igual! ¡Lo van a descubrir de todas maneras! —lo agarró del brazo y tiró, pero ya era tarde. La puerta se estaba abriendo. Is se metió debajo de la cama, pero Osi se vio sorprendido por los rápidos pasos de Epifanía, que imaginaba que al oír el alboroto estaba acudiendo al cuarto apresurada.

—¡¿Dónde estás, mujer?! ¡Te dije que vendrían a por la tarjeta y que me avisases, no que les abrieras la caja!

Parecía gritar a la nada. Llevaba pantalones largos y manga larga para cubrir sus quemaduras, a pesar del insoportable calor madrileño en pleno mes de junio.

Soledad salió del baño de la habitación, donde había estado todo el rato, a dos pasos de ellos. Osi se giró a tiempo para ver cómo Epifanía la golpeaba y la tiraba al suelo. Su primer instinto fue acercarse a ayudarla, pero Epifanía sacó una pistola y lo apuntó.

—No muevas ni un dedo. Sé de lo que eres capaz.

OSI: Soy tu hijo —levantó las manos lentamente en señal de rendición—. ¿No me harías daño, verdad?

—Te digo lo mismo que le dije a tu madre en su día, Osi. Tienes una oportunidad. Si no estás con nosotros, estás contra nosotros —quitó el seguro del arma.

Él no sabía qué responder para que aquello no acabase en tragedia. Nunca se había sentido unido a su madre Epifanía, pero no sabía si sería capaz de matarlo por lo que ella creía el bien supremo. Todo por los Discípulos.

En esos momentos, Osi divisó movimiento en el suelo. Soledad se estaba incorporando. Epifanía se giró para ver qué pasaba e Is salió de debajo de la cama, la cogió de los pies y le hizo perder el equilibrio. Osi se encargó de alejar la pistola con su don, que fue a parar a los pies de Soledad. Epifanía cayó al suelo cerca de Soledad y esta, sin pensarlo dos veces, cogió el arma y le dio un golpe con la culata, dejándola inconsciente.

Soledad se levantó con un moratón en la cara, dejó caer el arma y se tocó nerviosa el colgante de la mano blanca. Todos guardaban silencio y se miraban los unos a los otros intranquilos, Is todavía desde el suelo, con su peluca cayéndosele. Soledad se tocaba el collar más agresivamente, llevándolo de un lado a otro, como si le molestara. Ellos la contemplaban mientras ella se lo quitó dándole un tirón y arrojándolo con desprecio. Aspiró profundamente como si se hubiera quitado un gran peso de encima y los miró a ambos.

—Marchaos, u os encontrarán.

Is se levantó dejando caer su peluca rubia y se quedó frente a su madre con el pelo alborotado. Se la quedó mirando con un conflicto de emociones. Soledad se le acercó, la contempló emocionada y le apartó un mechón de pelo de la cara.

—Hay tantas cosas que me gustaría decirte, mi niña —sollozó.

Is la abrazó y al mirar a Osi se unió al abrazo también.

—Iros ya —les mandó secándose las lágrimas antes de derramarlas. Y ellos no perdieron más tiempo.

Is se colocó de nuevo la peluca rápidamente mirándose en el espejo del lento ascensor de edificio antiguo. Más tarde fue cuando a Osi se le ocurrió qué pasaría cuando Epifanía se despertase. Esperaba que su madre Soledad estuviera bien. Pero ya estaban saliendo del portal y encontrándose con un preocupado Benjamín, al que le explicaron lo sucedido de camino.

Al volver al metro y mirar en las paredes, vieron las fotos de ellos que siempre había publicado en la tele.

IS: Ese cartel no estaba antes ahí —se volvió a ajustar la peluca, nerviosa.

Rápidamente entraron en el metro y se dirigieron al andén.

IS: ¿No sería mejor que volviésemos al coche de otra manera?

BENJAMÍN: No te preocupes, no nos tienen por qué reconocer de esta guisa —le dio la mano.

Osi vio a los agentes de seguridad mirándolos y sabía que sospechaban. Ya se habrían puesto en alerta antes y de ahí los carteles.

OSI: Vámonos de aquí. Salgamos —cogió de la mano a Is e intentó andar deprisa sin correr.

Pero Benja le estiraba por el otro lado.

BENJAMÍN: El metro ya está aquí —decía tratando de hacerse oír con el ruido del tren entrando en la estación.

Pero dos hombres vestidos de paisano ya estaban acercándose a ellos.

—Eh, vosotros. ¡Quietos!

Benja se metió al vagón, que ya estaba cerrando sus puertas, y Osi estiró de la mano de Is para irse hacia fuera, separándolos. Pero los hombres bloqueaban la salida. Osi saltó hacia la última puerta que se estaba cerrando y se pilló la mano con la que cogía a Is. Desde el otro lado del cristal vio a Is tratando de abrir la puerta y con los esfuerzos se le volvió a caer la peluca. El pitido de cierre de puertas sonó y Osi apretó sin cesar el botón desde dentro para abrirlas, pero el tren arrancó e Is se quedó detrás. En la distancia y sintiéndose impotente vio como aquellos hombres esposaban a su hermana. Aun dejando la estación pudo oírla gritar.

IS: ¿Eres de la policía secreta o qué? ¿Por qué no llevas uniforme?

Osi vio como el hombre reía sin contestarle.

OSI: ¿Por qué no he usado mis poderes para abrir las puertas? —pensó. A veces se olvidaba que los tenía.

Por detrás suyo alguien le tocó la espalda. A punto estuvo de lanzar medio vagón por los aires, pero Benja le cogió de la mano antes de que pasase.

BENJAMÍN: Yo soy el primero que lo sufre, Osi. Pero si volviésemos solo conseguirías que nos cogiesen a nosotros también.

OSI: ¡Yo tengo mis poderes! ¡Les puedo lanzar contra la pared o convencerles para que la suelten!

Benjamín miró aterrorizado alrededor, pero por suerte no había nadie más en el vagón.

BENJAMÍN: Tu poder de convicción no está tan desarrollado como tu telequinesia —le dijo en voz baja—. Y no eres invencible. Montarías un número y aparecerían más Discípulos o incluso policías —se interpuso en su camino para que no avanzase—. Vámonos a casa. Sé adónde la llevan.

Osi se tranquilizó y se sentaron. Él más intranquilo que el novio de Is, pero en su cara se reflejaba la evidente preocupación. Solo intentaba mantenerse entero.

BENJAMÍN: La traeremos de vuelta, no te preocupes.





La final de la serie será el VIERNES, 28 de junio de 2013 a las 21:00.

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